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miércoles, 10 de mayo de 2017

Cuando no sabes si alguien es un hombre o una mujer

My Signature


El título de este post puede parecer un poco extraño, pero cuando cuente lo que le ocurrió a un buen amigo hace unos días, lo comprenderéis claramente.

En este caso el asunto de la confusión de género no era por el aspecto físico, sino por algo tan sencillo como el nombre.

Mi amigo recibió un email de un cliente suyo en el que le indicaba las dudas que un cliente (o clienta) suyo le planteaba. El caso es que este buen señor (o señora) tenía un hombre muy poco habitual. Mi amigo quiso plantearle las dudas directamente a esta persona, pero cuando empezó a redactar el email se encontró con algo tan confuso como que no sabía a quién dirigirse, si al Sr. XXX o a la Sra. XXX. Ante esta duda, decidió buscar en Google el nombre y su duda se acrecentó más aún cuando descubrió que en la ciudad de Madrid había similar número de personas que se llamaban con este nombre de género masculino y femenino.

Al final el señor (o señora) XXX recibió un email con un lacónico "Buenos días,".

No me quiero imaginar la cantidad de emails que recibirá esta persona en el que se dirijan a él (o ella) como si fuese del sexo contrario, y la de llamadas que recibirá en las que el interlocutor espera hablar con un hombre y contesta una mujer y al contrario.

Este asunto se podría haber solucionado desde una base por esta persona (que no tiene culpa ninguna, adelanto). Tengo un amigo que también tiene un nombre que puede aplicarse a hombre y a mujer indistintamente. Él es consciente de que su nombre puede inducir a error y lo que hace es firmar sus email siempre anteponiendo a su nombre "Sr." de forma que no deja lugar a dudas.

Si tu nombre es de uso generalizado tanto en hombre como en mujeres, no cuesta ningún trabajo incluir al principio "Sr." o "Sra." y así evitarás muchos malentendidos.

Por cierto, que aún no sabemos si es un hombre o una mujer y realmente no nos importa. Lo importante es que el negocio sigue adelante...

martes, 25 de abril de 2017

¡Hola! ¿Estás ahí? Soy tu cliente...

Bottle of Red Wine + Glass + Cork


Hace unos días estaba de viaje en una ciudad del norte de España y me plantee visitar algún lugar cercano. Resulta que plantee en público en mi twitter que no sabía qué actividades podía hacer en la región donde me encontraba.

Me contestó una cuenta de twitter que lleva la denominación de origen de la zona y me envió una lista de actividades a realizar. Eché un ojo al completo listado que me enviaron y les contesté indicando mi planteamiento inicial de visitar las bodegas concretas XX (mencionando a estas bodegas en mi tweet).

Las citadas bodegas lo único que hicieron fue dar un like y un retweet a mi tweet, pero no me indicaron ni horarios, ni actividades, ni nada que me incitase a acercarme a visitarles. Por lo tanto y ante la apatía, decidí cambiar de planes.

Nunca debemos olvidar que las redes sociales son sociales... Si en una conversación alguien comenta que le gustaría visitar nuestra empresa, no le decimos "¡Qué bien!" y miramos a otro lado. Lo que haríamos sería decirle que nos parece una buena idea e indicarle cómo ir, los servicios que ofrecemos y a lo mejor hacer de guías en el proceso.

En este caso creo que las bodegas XX perdieron la oportunidad de una visita de un comprador potencial únicamente por no interactuar con el usuario de sus servicios.

Este es uno de los principales problemas de algunos Community Manager: desconocen el producto o servicio que vende su cliente y finalmente pierden interacciones.

Hay algunas empresas que hacen esto especialmente bien. Recuerdo una cadena de hostelería con varias marcas que interactúa con todos y cada uno de los tweet en los que los he mencionado. No sólo con un like o un retweet, sino comentando aunque sea con un emoticono de guiño.

Cualquier respuesta, por pequeña que sea, es mejor que la no respuesta.

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