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lunes, 12 de febrero de 2018

La trampa de la inmediatez



Creo que todos hemos caído en una trampa que es bastante burda, pero que sin embargo es considerablemente efectiva: vamos por el supermercado y ya hemos terminado con la lista de la compra, si es que somos personas organizadas, pero de repente en la línea de cajas encontramos algunos artículos que necesitamos o que simplemente nos apetece comprar como son maquinillas de afeitar, pilas, golosinas, chicles, o pequeños juguetes para niños.

Ya hemos pasado la "presión" de hacer la compra de forma correcta y conseguir buenos precios en los artículos que íbamos a necesitar y hemos "bajado la guardia". Ahora es el momento en el que caemos en la trampa de comprar aquellos productos, que posiblemente ni indican el precio de venta, pero que habíamos olvidado o no estamos seguros de si tenemos en casa y los compramos porque "están ahí al alcance de la mano".

Te invito a que un día hagas un sencillo experimento: haz unas fotos de los precios de estos productos expuestos a tu alcance y cuando llegues a casa comprueba sus precios en cualquier tienda online. Lo más probable es que te alegres mucho de no haberlos incluido en tu cesta de la compra.

Voy a poner otro ejemplo un poco más complejo pero igualmente ilustrativo.

Una persona a la que conozco acudió a unos grandes almacenes de su ciudad y vio un jersey de su marca favorita a un precio teóricamente rebajado, se lo probó y comprobó que era su talla, por lo que estaba dispuesto a ir a la caja a realizar el pago. El precio del jersey a precio teóricamente rebajado era de 60€. La persona que le atendía le animaba a realizar la compra. Sin embargo, esta persona decidió posponer unos segundos la decisión y comprobar el precio en internet. El precio del mismo producto, misma talla, modelo y color en una tienda online era de 40€, lo que suponía un ahorro de 20€ por simplemente posponer la disponibilidad del producto unas 72 horas que era el tiempo de suministro.

En este caso existen tres tipos de personas:

  1. Los que ni siquiera comprueban el precio en internet.
  2. Los que lo miran y deciden ahorrar esos 20€ con el inconveniente de tener que esperar 72 horas
  3. Los que aún sabiendo que pueden ahorrar 20€ deciden llevarse ya el producto.

Ahora voy a plantear la situación a la inversa: digamos que miro en internet en primera instancia y luego en la tienda física y que el ahorro es ahora de 20€ en la tienda física. Seguro que todos nosotros nos llevaríamos el producto más económico de la tienda física.

La única diferencia está en el tiempo que tardaremos en tener el producto. Poder disfrutar de un producto 48 o 72 horas que otro, lo valoramos en este caso en 20€. Puede parecer una cantidad pequeña, pero si pensamos en que compramos unas 10 prendas al año (por poner una cifra) supone un ahorro de 200€ anuales.

Somos como niños pequeños que quieren algo, y lo quieren ahora mismo.

Si pensamos en términos absolutos (20€ en este caso) el ahorro puede parecer poco, pero si pensamos en porcentaje, un ahorro de un 30% es significativo.

Si fueses a comprar una casa, ¿pagarías un 30% más por tenerla inmediatamente? ¿Pagarías 600.000€ en lugar de 400.000€ por tener una casa un par de meses antes?

La impulsividad no es buena en ningún caso y mucho menos a la hora de manejar nuestro dinero. Antes de hacer un gasto, ya sea grande o pequeño, busca opciones y reflexiona sobre todo si realmente necesitas hacer ese gasto.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Humildad vs Prepotencia


Como ya sabéis algunos, tengo relación con varias personas que se encargan de hacer selección de personal y hace unos días una amiga que se encarga de estos temas me contaba que la conversación con uno de estos candidatos se convirtió en algo muy divertido.

Mi amiga había seleccionado ocho perfiles de personas que investigaban en una determinada universidad en una línea de trabajo que interesaba a su cliente. Sin embargo, la primera persona entrevistada le resultó curiosa por su actitud desde el primer momento. La conversación según me la relató fue más o menos así:

- Buenas tardes. Te hemos llamado porque cumples con el perfil ya que tienes conocimientos de XXX y en la universidad hay pocos perfiles que tengan estos conocimientos.

- Soy el único.

- ¿Perdón?

- Que soy el único que sabe de XXX.

En aquel momento mi amiga seguro que arqueó las cejas y desvió inconscientemente la mirada hacia la carpeta donde guardaba los otros siete perfiles que había recuperado desde la Universidad.

Siguió la conversación con este candidato y hubo otra contestación que le resultó definitiva para eliminarlo:

- Tendremos en cuenta tu perfil y lo valoraremos. Te diremos algo en un sentido u otro en un par de semanas.

- Daos prisa porque tengo una oferta en Madrid del Banco XXX que me ofrece el doble que vosotros y me dan alojamiento... Pero vosotros me caéis bien y se que me necesitáis.

En aquel momento mi amiga se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo. Realmente estaba hablando con el peor candidato de todos. Era prepotente (además de posiblemente mentiroso) y aquello podría suponer un problema para el ecosistema de la empresa donde pensaban encajarlo. Fue eliminado automáticamente.

Si quieres valorarte por encima de los demás en una entrevista de trabajo en la que sabes que el resto de candidatos disponen de los mismos conocimientos y aptitudes lo único que puedes hacer es hablar de tus cualidades subjetivas: implicación, ilusión, creatividad, etc.

Nunca debes de decir que eres el único con esos conocimientos o aptitudes porque realmente no sabes qué otros candidatos hay en la carpeta de selección.

Y por supuesto, no digas que tienes otras opciones con mejores condiciones porque entonces lo que te van a preguntar es ¿porqué quieres elegirnos?

Mi amiga me hizo un comentario interesante: "Ninguna empresa quiere tener entre sus empleados a alguien que dice que podría estar en otra empresa ganando más dinero y haciendo un mejor trabajo. Quieres empleados capaces de desarrollar toda su capacidad en tu empresa, que la hagan crecer, que contagien su entusiasmo y ganas de trabajar. No quieres candidatos que te recuerden cada vez que haya un problema que podrían estar en otra empresa mejor.

La humildad es un valor que se está perdiendo pero que hay que cultivar.

La humildad no es menospreciarse, sino valorarse en la justa medida y dejar que los demás descubran nuestra verdadera potencialidad mediante el trabajo. No consiste en mal venderse, sino en venderse de forma que satisfacemos las necesidades del momento y asombraremos después con el trabajo ya que será incluso mejor que lo que ofrecimos en un primer momento.

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