Libros

Selecciona tu idioma... Select your language...

viernes, 24 de abril de 2015

Sois todos unos... #*?$·&/!!

scream and shout
Foto por Migdaugas Danys (Creative Commons)

Siempre me ha llamado la atención un empleado de una organización con la que colaboro cuyo vocabulario, digamos con palabras correctas que, no es el que dejarías escuchar a tu hijo de cinco años.

Este buen señor, con quien mantengo una buena relación, dedica en cada frase algunas sílabas a palabras malsonantes, palabrotas o tacos, como quieras decirlo. Después de haberlo visto en estas situaciones durante años, he decidido escribir sobre este asunto de las palabras malsonantes en el mundo de la empresa.

Evaluando el resultado que el uso de estas palabras tienen sobre las personas que escuchan a esta persona, he llegado a una terrible conclusión: al tratarse de su forma normal de expresarse, llega un momento en el que no existen diferencias en el tono cuando el discurso es de enfado, disgusto o una simple conversación cordial.

Por las palabras que emplea, además de los ademanes, subidas de tono de voz y aspavientos, parece que siempre estuviese enfadado con los proveedores, clientes, compañeros, etc. La posible utilidad que tendrían esas palabras como expresión de disgusto descontrolado, ha dejado de existir, porque el discurso es monocorde: siempre en un tono elevado. En definitiva: llega un momento en el que si para este señor todos son unos "hijos de p...", "cabrones", etc. ¿Cómo distinguir cuando un enfado es real o modular entre diferentes situaciones?

No quito el valor de las palabrotas en el mundo de la empresa, pero si que es cierto que hay que limitar su uso al imprescindible, porque un uso indiscriminado es simplemente inútil.

Por elegancia de discurso, está claro que si somos capaces de eliminarlas de nuestro vocabulario, será lo ideal. Como ejemplo de las bondades de esta eliminación, tengo un cliente cuyo discurso normalmente es correcto y adecuado. Cuando me dice que algo "roza lo intolerable" es la señal equivalente al peor de los insultos y queda claro que se encuentra al límite y en un cabreo considerable.

La elegancia de este señor en las palabras empleadas consigue que sin tener que recurrir a palabras malsonantes su mensaje llegue en el tono y forma adecuados.

Lo importante no es realmente utilizar palabrotas o no, sino que la frecuencia con que utilicemos las palabras clave que indican lo crítico de la situación sea la adecuada. Si esas palabras clave pueden no ser malsonantes, entonces será la situación ideal.

Utiliza las palabras correctas en las situaciones correctas. Si puedes evitar que sean palabrotas, mejor que mejor; y si no puedes evitarlas, utilízalas sólo cuando sean necesarias o tu mensaje no llegará de forma adecuada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Entradas populares