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martes, 15 de julio de 2014

El juego del crédito


A todos nos gusta que se nos reconozca cuando hacemos algo bien. Tendemos a ser egoístas también en este aspecto de la vida y obviamos el papel desempeñado por los demás en las victorias. Si tenemos un puesto de responsabilidad es más probable aún que, llevados por un excesivo narcisismo, nos colguemos medallas que realmente no nos pertenecen porque los trabajos se hacen en equipo. A su vez, todo el mundo, quiere asumir las victorias como propias. Para cambiar esta tendencia, lo mejor es empezar reconociendo el trabajo desarrollado por los demás mediante el aprecio del trabajo realizado. Si agradece a un equipo su trabajo en un proyecto, les está animando a que posteriormente trabajen más y mejor porque se sentirán reconocidos. Si asume todas las victorias como propias como líder supremo que ha hecho todo el trabajo, lo más probable es que sus equipos entiendan que su trabajo individual no es necesario y empiecen a bajar los niveles de creatividad, innovación y trabajo en general.

Hace poco leí un artículo en que se hablaba del crédito en las empresas como un balón en un partido de fútbol: si queremos que el equipo funcione como tal, el balón tiene que ir cambiando de jugador en jugador y si es sólo uno el que mueve el balón, finalmente el resto de jugadores se cansarán de jugar para nada. Dejo constancia en este punto de mi casi total ignorancia sobre fútbol y deportes de competición en general, por lo que es posible que esta comparación no sea adecuada del todo.

Si reconoces de forma adecuada, en presencia de todo el grupo, el trabajo que cada uno de los miembros del equipo desarrolla, conseguirás que aumente el buen clima en el grupo. Haz que la pelota ruede y premia con tus comentarios positivos a todos los miembros del grupo de forma puntual, pasando de uno a otro. No cometas el error de no premiar a alguien porque consiga menos logros que los demás y reconócele su trabajo bien hecho. Todo el mundo tiene derecho a una palmadita en la espalda.

No te quedes con el mérito de nada… al fin al cabo qué sería de ti sin tus colaboradores y qué sería de este blog y mis libros sin vosotros, los lectores.



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