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viernes, 7 de noviembre de 2014

¿Te gusta dar cabezazos contra la pared?

Maiki hitting ground
Foto por Niels Heidenreich (Creative Commons)

Siempre nos han dicho que nunca hay que abandonar. Un coach que conocí una vez, me decía siempre "keep pushing” (sigue empujando).

Este coach en una reunión personal me dijo: “¿Crees que eres capaz de conseguir lo que te propongas?”. Yo, con mi arrogancia de aquellos días y cargado de espíritu positivo que él mismo me había inyectado le respondí “Claro que sí”.

Puso delante de mi un exprimidor que sacó de un armario, una tabla de cocina y un cuchillo afilado. Entonces sacó de un cajón una piedra redonda, perfectamente torneada y del tamaño de una gran naranja. La cogió pesadamente y la depositó sobre la tabla de madera.

“Ahora quiero un zumo” dijo despreocupadamente.

El consejo de seguir intentando las cosas está bien, cuando sabes que realmente estás haciendo algo que tendrá un fruto final, pero es posible que estés haciendo algo que no tiene ningún sentido y por mucho que te esfuerces en conseguirlo no lo tendrá nunca.

Por mucho que creas que hay zumo de limón dentro de una piedra y te empeñes en sacarlo apretando una y otra vez la probabilidad de que lo consigas es mínima, al menos en este universo en el que vivimos ahora.

¿Alguna vez has intentado tirar una pared a cabezazos? ¿No, verdad? Simplemente porque estás seguro de que por mucho empeño que le pongas, no podrás hacerlo y lo más posible es que termines por romperte la cabeza, y sabes que es cierto.

El secreto está en saber cuándo es el momento de dejar algo. No hablo nunca de rendirse porque yo no contemplo nunca la posibilidad de rendirse. Lo que realmente hacemos es un proceso meditado que nos lleva a la conclusión de que el esfuerzo que estamos haciendo no nos llevará a ningún sitio. Si aplicas una fuerza finita a un cuerpo inamovible, está claro que no conseguirás moverlo nunca. Dedica tus recursos a cosas que sean realmente rentables y de las que vayas a conseguir resultado; de otro modo es una pérdida de tiempo y sobre todo de energía.

Hace unos días una clienta y amiga me decía que dejásemos una operación en la que estábamos trabajando desde hacía meses. Cada vez que dábamos un paso volvíamos a tener que replantear la operación de nuevo. Pues bien: después de seis meses de dar dos pasos y retroceder uno, conseguimos cerrar la operación de forma satisfactoria.

Realmente cuando me propusieron que me rindiera, más exactamente diciéndome “¿No crees que estamos trabajando demasiado para algo que no conseguiremos?” mi respuesta fue “En mi paradigma el supuesto de que no lo conseguiremos aún no existe. Cuando exista me plantearé dejarlo.”

En este caso las cosas salieron bien, tal vez porque mi cabeza era más dura que esa pared que queríamos tirar, pero en otras ocasiones debes de plantearte realmente si existe la posibilidad de triunfo. No hablo de que merezca la pena, porque si te estás planteando la posibilidad de que no merezca la pena, es porque aún albergas la posibilidad de triunfo, y eso es bueno… trabaja para conseguirlo.

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