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martes, 3 de junio de 2014

Los negocios nunca fracasan


En una ponencia a la que asistí hace unos días, ese era el título que aparecía mientras esperábamos a que se llenase la sala. Como es normal, esta frase suscitó toda clase de comentarios entre el público y las charlas en ocasiones llegaron a subir de tono entre algunos más exaltados.

Personalmente creo que es así también.

Los negocios nunca fracasan… lo hacen las personas.

Un negocio bien pensado debe de funcionar. En el caso de que veamos que algunos aspectos del negocio está fallando, debemos estudiar detenidamente qué partes hay que cambiar.

Algunas personas me comentaban qué hacer cuando todo el negocio es lo que falla, la concepción del mismo… pues muy sencillo… lo que no funciona se cambia… ¡cambio de negocio!

La empresa KH Lloreda se dedicaba a la joyería pero decidió cambiar su concepción de negocio por completo y ahora es uno de los líderes internacionales en detergentes. (http://kh7.es/empresa/time-line/)
¿Perdió su esencia? ¿Fracasó? En absoluto. Fue lo suficientemente plástica como para modificar su negocio y adaptarse a un nuevo producto con posibilidades.

Si te das cabezazos contra una pared hay dos posibilidades: o que te rompas la cabeza o que te duela y pares de hacerlo. Esto es lo que les ocurre a muchos emprendedores: se obcecan en una idea que no funciona y siguen empeñados en defender esa idea que realmente estaba abocada al fracaso desde el principio.

Cuando te das golpes contra un muro para intentar atravesarlo puedes empezar con una gran ilusión o ánimo, pero esa ilusión se irá diluyendo con cada golpe que te des.

Si aún nos queda alguna duda de si podría funcionar o no, podemos realizar modificaciones y asesorarnos con expertos en el sector, pero si aún así, no llegamos a unos resultados satisfactorios, podremos realizar cambios más radicales.

Poco a poco te irás dando cuenta de que el negocio no era lo fácil que creías que fuera. Este es un punto crítico, porque puedes caer en la ilusión de que lo que falla no es tu idea de negocio sino cómo lo llevas a cabo. Caerás entonces en una espiral de infinitas modificaciones que no te conducirán a ningún sitio sino simplemente a derrochar tus energías.

En ese momento es cuando empiezas a dar cabezazos contra la pared.

Una persona que conozco escribió un buen libro de autoayuda pero eligió una plataforma de difusión minoritaria y que además sólo difundía su producto en PDF o formato físico. Tras alguna conversación con él, le comenté que probase a utilizar otra plataforma de difusión mucho más implantada en el mercado editorial, con una penetración mucho mayor y que además le permitía trabajar sin tener que hacer un desembolso económico, ya que la editorial, al ser una multinacional, corría con todos los gastos.

Sin embargo, esta persona, estaba ya dando sus primeros cabezazos contra la pared y me argumentaba que “sólo” había tenido que invertir 1000€ y que estaba seguro de que recobraría ese dinero con creces y recibiría la llamada de una gran editorial en los próximos meses.

Meses después pude verlo en una charla informal y me dijo que aunque no había conseguido recuperar ni un 10% de su inversión inicial, era porque tenía que poner más empeño en el trabajo y que estaba seguro de que la plataforma funcionaría… Segundo cabezazo.

A día de hoy sigue empeñado en que el sistema funcionará, aunque más de dos años después ha recuperado un 20% de su inversión inicial y ha perdido el impulso e ilusión de los primeros días. Ya casi no escribe.

Posiblemente si hubiera escuchado los consejos que le dimos en muchas ocasiones varios amigos, no habría perdido la ilusión de escribir.

Si algo no funciona, intenta mejorarlo, si aún así, no notas mejoría… ¡cámbialo! No seas cabezota... En ocasiones los demás llevan razón.

Lectura recomendada: Repetibilidad: Cómo crear negocios que perduren en un mundo en constante cambio


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