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jueves, 11 de septiembre de 2014

¿Profesionales de éxito?

Good morning!
Foto por Iain Farrell (Creative Commons)

En muchas ocasiones olvidamos algo tan básico como ser amable con uno mismo y con los demás.

Es imprescindible ser amable con los demás, con todo el mundo que te rodea. Las palabras amables como un “buenos días” o un “hasta luego” pueden abrir multitud de puertas. Aunque se trate de palabras cortas, el eco que crean en el interior de las personas perdura durante mucho tiempo.

No hay nada peor que entrar en el ascensor de la oficina, donde hay sólo dos personas más y decir un “buenos días” con una amplia y sincera sonrisa, que caerá al suelo porque nadie va a responder. Sin embargo, cuando hayamos dicho al día siguiente un “buenos días”, seguro que habrá respuesta.

Una sonrisa es el mejor arma contra la mala educación y seguro que a las personas que sonrías por la mañana, cuando aún llevas tu termo de café y los informes en las manos rumbo a una lucha diaria en el mundo de la empresa, puedes mejorarles el día con un simple gesto como este. Una sonrisa sincera abre muchas puertas y ablanda muchos corazones.

Ser amable contigo mismo no tiene nada que ver con tus destrezas, tu éxito en la empresa o el dinero que pasa por tu mesa cada día o por tu cuenta bancaria. Ser amable contigo mismo significa comprender tus fortalezas y tus flaquezas, reforzar y premiar las primeras sin caer en la obsesión; e intentar evitar las segundas sin caer en la disciplina absurda.

Una amiga me comentaba que estaba demasiado ocupada en su doctorado y tratando de terminar sus estudios como para dedicar tiempo a pasar un solo rato para ir al cine con amigos. De hecho, me comentaba hace tiempo que no tenía tiempo de socializar demasiado y que lo más parecido a esto que hacía era el tiempo que pasaba por las clases en la universidad y el gimnasio pero que andaba tan atareada que no tenía tiempo de establecer relaciones profundas con nadie.

No hablaba con su familia más que una o dos veces al mes, y eso que estaban a miles de kilómetros de distancia y lo habitual es que las comunicaciones fueran más fluidas, ya que se tenían en el Skype mutuamente y podían hablar durante horas mediante videoconferencia sin coste alguno. En realidad en algunas ocasiones alguno de sus hermanos o su madre le llamaban a través del ordenador, pero estaba tan ocupada con sus trabajos que no atendía las llamadas o contestaba indicando que estaba trabajando o reunida y que no podía perder el tiempo.

El hecho es que tiempo después me la encontré un día por la calle y decidimos hacer una parada en nuestros quehaceres diarios para tomar un café tranquilamente y hablar un rato, algo a lo que nunca había dedicado ni un sólo momento anteriormente por lo ocupada que estaba.

Sincerándose conmigo me dijo que había llenado su tiempo con tantas inquietudes profesionales que la parte humana la había obviado. Esta estudiante modelo y ahora profesional de éxito había caído en una profunda depresión de la que se estaba recuperando mediante terapia.

Al terminar su carrera y conseguir un buen puesto en su sector había descubierto que por las tardes al llegar a su lujoso apartamento conseguido a base de un buen crédito concedido por su puesto en la empresa, no tenía nadie a quien ver ni con quien hablar porque había descuidado sus relaciones humanas.

Ser amable contigo mismo es también dedicar tiempo a querer a las personas que te rodean y dejarte querer por ellas, porque al fin y al cabo no somos máquinas programadas sino que la parte de la educación en emociones y valores humanos es un aspecto que no hay que descuidar y como en todo, lo mejor es aprender con la práctica.

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