Libros

Selecciona tu idioma... Select your language...

martes, 9 de septiembre de 2014

Roma no se deshizo en un día

Sleepy vs. Bedtime Bear (265/365)
Foto por JD Hancock (Creative Commons)

No hace mucho he detectado que muchas de las personas de mi entorno más cercano han ido dejando de fumar. En realidad yo nunca he tenido ese problema, tal vez porque nunca en mi vida he probado un cigarrillo y por eso nunca he tenido que dejarlo.

Por lo que he podido comprobar de primera mano, estos cambios de hábitos no obedecen a cambios directamente de un día para otro sin una reflexión previa. 

Primero hemos de pensar qué finalidad tiene el hábito que queremos cambiar, es decir, ¿qué conseguimos fumando? ¿Aporta algo a nuestra vida? ¿qué conseguimos durmiendo una hora más y no levantándonos para ir al gimnasio, salir a correr o trabajar un rato más en casa delante del ordenador? El cambio debe de ser un cambio meditado, sea cual sea el objetivo.

Si te marcas objetivos demasiado ambiciosos y a corto plazo será imposible que los alcances. Por ejemplo, si decides levantarte a las cinco de la mañana en lugar de a las ocho que es la hora en la que normalmente te levantas para trabajar, está claro que tu cuerpo no soportará esas tres horas de sueño que le faltan. Es posible que lo consigas el primer día, pero pasarás tanto sueño durante todo ese día que al día siguiente serás capaz de volver a levantarte a esa hora y seguirás durmiendo.

Las grandes metas a largo plazo y pequeñas metas a corto plazo es lo que realmente funciona. Empieza por quitarte el cigarro de después de comer. Levántate a las siete y media en lugar de a las ocho durante una semana. No vayas al gimnasio a primera hora de la mañana, adecua tu cuerpo a la actividad levantándote media hora antes y yendo al trabajo andando en lugar de coger el coche. Poco a poco irás cambiando hábitos casi sin darte cuenta.

Establece rutinas para cambiar unos hábitos por otros más saludables: contesta tus emails durante la mañana temprano, toma un café en lugar de un cigarrillo después de comer, o mastica un chicle.

Establece un programa de cambios progresivos paso a paso y a largo plazo sin forzar demasiado tu cuerpo y tu mente. Más vale que sea un programa demasiado largo que no un programa demasiado corto y que te lleve otra vez a tu hábito anterior.

Apunta tus sensaciones durante el proceso de cambio y si es necesario ampliar el programa unas semanas más, no tengas problema y no lo asimiles como un fracaso sino como un paso más hacia el éxito y un aprendizaje de lo que no hay que hacer y lo que sí hay que hacer.

Roma no se hizo en un día… ni se deshizo.

Lecturas recomendadas:

  

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Entradas populares